“NI UNA MENOS”: Reflexiones desde el Trabajo Social con Perspectiva de Género en la Actualidad

Lic. Laura Berardo[1]

Partiendo de la idea de pensar el Trabajo Social en su tiempo y contexto, es que analizaremos situadamente “lo social”, ponderando el análisis de relaciones dialécticas en los procesos de intervención de los/las Trabajadoras Sociales en vinculación con procesos de padecimiento de personas asistidas, identificando sentidos transformadores para garantizar colectivamente derechos adquiridos.

Valorando un inicio de siglo XXI donde la organización social y política popular promovió la constitución de Estados Nacionales en América Latina promotores de derechos sociales, civiles, políticos, económicos y culturales como estrategias inclusión social, uno de los aspectos alcanzados y necesario de profundizar es la perspectiva de género como proceso democratizador basado en la búsqueda de efectivización de derechos para que con equidad mujeres y varones puedan  acceder a vidas dignas.

Contextualmente, desde junio del 2015, en Argentina se ha desarrollado el colectivo de Mujeres “Ni Una Menos” que comenzó masivamente a visibilizar la desigualdad de género y a denunciar  los femicidios y la violencia naturalizada hacia las mujeres.

Dicho colectivo interpela periódicamente la estructura patriarcal de la sociedad, interrogante del cual no puede quedar exenta la posición de una profesión con altísima participación de mujeres, como es el Trabajo Social. Tampoco puede dejar de interpelar el enfoque de nuestras intervenciones en la multiplicidad de problemas sociales que abordamos, que si bien la principal característica que tienen son su complejidad y el desafío de construir abordajes integrales que realmente den respuestas superadoras a las paliativas, la desigualdad de género  también se constituye en una problemática compleja que atraviesa el conjunto de los problemas sociales y debemos incorporarla al análisis de la cuestión social.

Desde estas reflexiones pretendemos ponderar la perspectiva de género como una mirada teórica, posicional,  transformadora de lo metodológico, instrumental y organizacional en la profesión de Trabajo Social para aportar al sostenimiento de los principios que guían nuestro ejercicio profesional en la Ley Federal de Trabajo Social: respeto a los derechos humanos,  justicia social y  democratización de la sociedad.

Partiremos de nuestras experiencias profesionales en la formación de futuros trabajadores sociales universitarios, la capacitación y orientación   a mujeres que han padecido  violencia de género, el asesoramiento social en ámbitos legislativos, la organización en los colegios profesionales respecto a la temática y las pondremos en dialogo con cinco de las proclamas expresadas en el Paro de Mujeres y de la masiva movilización “Ni Una Menos” este 8 de marzo (visibilización de la organización colectiva e histórica de las mujeres, transformación en las condiciones de trabajo precarizadas, frenar las violencias hacia las mujeres, denunciar  la responsabilidad del Estado, constituir a las mujeres como sujeto político)

Los problemas sociales transversalizados por la desigualdad de género

 Carballeda dice que un problema social siempre va ser efecto de la cuestión social,  se va a constituir cuando sea  reconocido por un alto consenso de la sociedad, se visibilice e ingrese en la agenda pública. El mismo puede tener distintos niveles de consenso, distintos imaginarios sociales que son los que van a dar diferentes formas de políticas públicas y distintas formas de su  comprensión y explicación. El tipo de intervención social se va a tensionar en función de estos distintos consensos y representaciones.

Partiendo de esta concepción podemos valorar que en el 2009 con la votación de la ley nacional de Protección Integral de Mujeres se cristalizo una nueva perspectiva de interpretar la problemática de violencia de género como resultado de históricas luchas del movimiento de mujeres, la adecuación a los tratados internacionales de Derechos Humanos, los registros no oficiales de femicidios, y la dispar construcción de estadísticas sobre violencia de género, entre otros procesos.

La minuciosa categorización del concepto de   violencia hacia las mujeres, sus tipos y modalidades definidos en la Ley Nacional 26485 en sus artículos 4, 5 y 6 nos parecen importantes indicadores para que  profesionalmente develemos en cada problema social abordado, la incidencia de prácticas patriarcales que puedan estar reproduciendo estas violencias en las relaciones sociales e institucionales en las cuales estamos o están insertas las personas con las que trabajamos.

Como ejercicio concreto, desde nuestros abordajes profesionales actuales, nos permitimos identificar ejemplos de miradas machistas o ejercicio del poder patriarcal en distintas áreas de intervención  cuando observamos:

  • Determinaciones del Poder Judicial en base a los fundamentos de las “teorías” del síndrome de alienación parental (SAP), frente a denuncias de abusos sexuales,  invalidando la palabra de madres y niñ@s.
  • Evasivas para dictaminar femicidio ante asesinatos de mujeres producto de la violencia de genero
  • La duda ética, desde el campo de la Salud, de violar o no, el secreto profesional en virtud de lo penal,  ante el pedido de ayuda de una mujer que haya interrumpido voluntariamente  su embarazo
  • La omisión de la implementación de la ley de educación sexual en ámbitos educativos

La Perspectiva de Género busca que repensemos nuestras estrategias y posicionamiento frente a situaciones de estas características.

Lo social y la vulneración de los derechos de las mujeres en el contexto actual

La histórica desigualdad de acceso a la educación y al trabajo por parte de las mujeres en relación a los varones es un aspecto que vulnera los derechos de las mujeres a alcanzar plenamente los niveles educativos obligatorios, a gozar de las mismas condiciones en materia de carreras y formación profesional y consecuentemente a poder elegir libremente una profesión y empleo, obtener ascensos, estabilidad, igual remuneración con respecto a un trabajo de igual valor,  y/o  la seguridad social[2].

Vulneraciones naturalizadas que consolidan roles sociales estereotipados relegando a las mujeres al ámbito privado, a trabajos invisibilizados o desvalorizados, reduciéndoles las oportunidades de desarrollo de destrezas en lo Público[3] para fortalecer sus autonomías.

Las políticas económicas y sociales desplegadas por el gobierno durante el 2016 produjeron 5, 38 millones de nuevos pobres en los 9 meses iniciales[4], incrementándose la desigualdad social como expresión de la distribución injusta de la riqueza. Según datos del Indec[5], entre 2003 y 2015, se registró una disminución de la brecha  de ingresos individuales de 33 veces a 18.7 veces  y en 2016 aumentó nuevamente en  4.5 veces, pasando de 18.7 a 23.2 en un solo año[6]. También dice que la canasta básica total subió a $13.323,62  para CABA y GBA;  mientras que la canasta básica alimentaria se ubicó en los $5.528,47, considerando que en enero del 2017 el salario mínimo, vital y móvil quedo establecido en $ 8069[7]

En términos relativos, los condicionamientos de género y estos niveles de empobrecimientos generalizados contribuyen a la Feminización de la Pobreza como procesos más intensos de desafiliación social de las mujeres que debemos considerar particularmente en nuestras intervenciones, complejizando el análisis desde la perspectiva de que la pobreza no es solo económica, sino que también es falta de acceso a bienes culturales, sociales y simbólicos.

En Trabajo Social mayoritariamente somos Mujeres

Partiendo del relevamiento de matriculado/as activas en el Colegio de Trabajadores Sociales de Lomas de Zamora sistematizamos que de 1750  solo 130 son varones (7,4%). Este 92,6 % de Mujeres en la profesión detectado en nuestro distrito se reproduce a lo largo y ancho del país. Dato que nos permite interrogarnos sobre como fuimos construyendo nuestra identidad como colectivo profesional compuesto mayoritariamente por mujeres.

Sostener la identidad en términos “masculinos” como observamos en nuestros logos “Colegio de Trabajadores Sociales de la Provincia de Bs As” con la reciente tímida aparición de la “X” en nuestra denominación en algún comunicado, nos convoca a intentar asumir que  nosotras también nos impregnamos, histórica y profesionalmente, de miradas androcentricas[8],…quizás  para sentir “aceptación” en las intervenciones en lo público.

Reflexivamente es importante considerar que el lenguaje nos construye como personas y es un medio por el cual aprehendemos la realidad. El lenguaje masculino/neutro no nos universaliza, oculta lo femenino.

Entonces a todos nuestros intereses como colectivo profesional nos parece importante incorporarle la perspectiva de género[9] para empoderar particularmente la construcción de nuestras propuestas.

A las preocupaciones que manifestamos sobre el empleo profesional  inestable como monotributistas, contratadas, o, estable poco jerarquizado,  limitado en ámbitos de toma de decisión y asignado prioritariamente a tareas de asistencia directa por sobre las de planificación y diseño; debemos incluirles los estudios de género que promueven analizar las brechas salariales entre varones y mujeres[10], las diferencias de acceso a ámbitos de toma de decisiones[11], el trabajo doméstico invisibilizado[12] y las triples jornadas [13] de las cuales participamos.

Cuestiones que se agudizan hacia la desjerarquización profesional en el actual modelo de Estado que cambia de paradigma. En lo social, estas políticas conservadoras potencian las dimensiones de focalización, asistencialismo, desfinanciamiento de programas de protección de derechos y sub ejecución de presupuestos, acercándonos a procesos de desocupación que en el 2016 significaron 70115[14] despidos de trabajadore/as del Estado Nacional.

Propuestas para reflexionar:

  • Construir nuestra Identidad como colectivo profesional integrado mayoritariamente por Mujeres se constituye en fundamental para re pensar nuestras intervenciones y modos de organización colectiva.
  • Reconocer que todas las mujeres encontramos alguno de nuestros derechos vulnerados y también somos víctimas de algún tipo o modalidad de violencia, nos invita a incorporar a nuestras estrategias de promoción de derechos el concepto de “Sororidad”[15].
  • Intervenir y trabajar en el conocimiento, difusión e  implementación de la ley 26485 y en las más de las 34 leyes nacionales y provinciales referidas a los derechos de las mujeres para empoderar a la ciudadanía, transformar/democratizar las  instituciones, y  construir abordajes sociales que restituyan derechos y desnaturalicen  la violencia como forma de relación.
  • Diseñar estrategias de fortalecimiento, capacitación,  desarrollo de emprendimientos económicos específicos hacia mujeres en situación de pobreza.
  • Ponderar la construcción de nuestra Identidad como Colectivo Profesional, visibilizando los aportes de distintas Mujeres Trabajadoras Sociales que con sus conocimientos, innovaciones, compromisos, padecimientos  construyeron nuestra historia profesional, tales, como Mary Richmon, Lucia Cullen, Laura Iglesias y tantas otras anónimas a conocer y visibilizar.

Notas:

[1] Lic. en Trabajo Social, docente en UNLZ y UNAJ, Presidenta de la Asociación Civil Mujeres del Sur Por la Inclusión y La Equidad (agradezco revisión previa del texto a la Lic. Marta Monte)

[2] Artículos 10 y 11 de CEDAW

[3] “Lo público” como ámbito productivo remunerado

[4] Centro de Economía Política Argentina http://centrocepa.com.ar/

[5] http://www.centrocepa.com.ar/desigualdad.pdf

[6] Aumentó 24%

[7] El INDEC publica en febrero las Canastas para enero en Capital Federal y GBA, considerando consumos alimentarios y no alimentarios que podrían ser cuestionables, en cantidades, calidades y sobre todo, en aspectos básicos como que no incluyen alquileres, cuotas de préstamos económicos y/o hipotecarios y no es claro el impacto de los tarifazos de servicios en los distintos hogares que analiza. Además de recordar que dichos “tipos de hogares” no contemplan realidades de consumo altamente frecuentes sobre todo en los sectores populares y más vulnerables (por ejemplo no contempla gastos de medicación específica, de consumos y  traslados de personas con discapacidad o con características sanitarias particulares, de adolescentes escolarizados, entre tantas otras) Por lo cual, las condiciones de vida de quienes estarían por encima de la línea de pobreza requerirían un análisis más multidimensional.

[8] Androcentrismo: Supone considerar a los hombres como el centro y la medida de todas las cosas

[9] “Perspectiva de género” es un tipo de mirada que apunta a investigar, revisar, interrogar y analizar los roles, los espacios y los atributos socialmente asignados tanto a las mujeres como a los varones, haciendo foco en las marcadas desigualdades que observamos entre varones y mujeres.

[10] Con datos al tercer trimestre de 2016 en base a situación laboral, calificación ocupacional y brecha de ingresos, las mujeres perciben en promedio un salario equivalente al 74,2% del de los hombres en el ámbito profesional. (Indec)

[11]  El mapa de mujeres en Política de la ONU, a enero del 2017, muestra que las mujeres tienen solo un 18,3% en los cargos ministeriales del mundo. A nivel mundial, según muestra la información relevada por wl mismo organismo, las mujeres tienen mayor participacion en ministerios de desarrollo social y todos aquellos que se ocupan de familia, infancia, asuntos de la mujer, educación ycultura. En el otro extremo, casi no hay ministras en medios y comunicación, defensa, transporte, economía y finanzas. En el caso de la argentina, Desarrollo y Salud son los ministerios que mas ministras han tenido y les sigue educación. En Economía solo hubo una mujer en la historia, que cuenta 100 varones en ese cargo

[12] Las mujeres invierten 3 hs mas de su tiempo que los hombres en las tareas domesticas y el 76% de los trabajos remunerados en la argentina son realizados por mujeres ( Indec , estudio sobre el uso del tiempo)

[13] Triple  Jornada ( trabajo remunerado, trabajo domestico no remunerado , participación social militante)

[14] CEPA, http//centrocepa.com.ar//

[15] El feminismos propone que este concepto vaya mas allá de la soliradidad. La diferencia radica en que la solidaridad tiene que ver con un intercambio que mantiene las condiciones como estan; mientras que la sororidad, tiene implícita la modificación de las relaciones entre mujeres. En resumidas cuentas, la sororidad se traduce en la hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y reconocimiento entre mujeres para construir un mundo diferente, percatarse que desde tiempos antiguos hay mujeres que trabajan para lograr relaciones sociales favorables para ellas y para nosotras, recordando siempre que todas somos diversas y diferentes ( Mujer Palabra)

Bibliografía Consultada:

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